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CONFERENCIA-COLOQUIO DEL POETA Y ESCRITOR VASCO KIRMEN URIBE

Kirmen Uribe flanqueado por Begoña Peris y Juan Cenzual.
Vista parcial de la sala durante la conferencia.
El acto tuvo lugar en el Palacio de las Naciones de Ginebra.

El día 28 de abril de 2010 el Club del Libro en Español de Naciones Unidas, con el apoyo de la Misión de España ante los Organismos Internacionales en Ginebra, tuvo el placer de presentar al escritor Kirmen Uribe, Premio Nacional de Narrativa 2009.

El acto fue introducido con unas breves palabras de Begoña Peris, Presidente del Club y posteriormente Juan Cenzual, Canciller de la Misión de España, hizo la presentación del escritor con una disertación amena, emotiva e ilustrada.

El presentador indicó que Kirmen Uribe, poeta, ensayista y narrador vasco, escritor fiel a su lengua materna, el euskera, ya contaba con una reconocida trayectoria antes de la concesión del Premio Nacional de Narrativa, otorgado en noviembre de 2009 por el Ministerio de Cultura. Sobre todo por su trabajo lírico, y especialmente por su libro Bitartean heldu eskutik (Mientras tanto dame la mano), publicado en 2001 en euskera y en 2003 en castellano, que le valió el Premio Nacional de la Crítica y el reconocimiento internacional, al resultar finalista como mejor libro de poesía traducido al inglés en EE. UU en 2007 (Pen Award for Poetry in Translation). No sólo obtuvo galardones institucionales, sino también el aplauso de los críticos, como el de Jon Kortazar, quien dijo que su libro supuso una “revolución tranquila en la literatura vasca”. Autor también de diversos libros de literatura infantil y juvenil, su obra Bilbao-Nueva York-Bilbao contó con un gran éxito de ventas en su primera edición en euskera, al agotarse rápidamente los 8.000 ejemplares de la primera tirada, una cifra muy elevada para una comunidad de lectores estimada en 250.000 personas. Pero, como ha asegurado él mismo en más de una ocasión, su objetivo posiblemente vaya más allá de las comunidades de lectores regionales, pues la literatura es de suyo universal, y la lengua es a la poesía y a la novela lo que el bruto de mármol de Carrara a una escultura: materia blanca con la que levantar figuras de significado duradero.

Posteriormente Kirmen Uribe nos relató como se planteó su futuro de escritor. Cuando él empezó a escribir existía ya un notable ambiente literario en Euskadi, pero su decisión de escribir en esa lengua no fue una elección ideológica sino natural. Su residencia temporal en Nueva York le introdujo en el mundo poético de esta ciudad y su conocimiento le cambió su visión de escritor y de persona. Allí empezó a plantearse su última novela: como establecer su equilibrio, forma y contenido. Descubrió que el pensamiento es como un perro al que desatas en un prado: es errante, va de una cosa a la otra, se detiene, husmea y vuelve a correr en otra dirección… y así plantea también su novela, contando la vida de tres generaciones, como las personas cambian, la sociedad cambia, una cultura entra en declive y surge una nueva. El libro es fragmentario, pero al final todo se une, como cualquier vida. Sugirió que, en su opinión, la memoria fija es peligrosa, conduce a la violencia, a las reivindicaciones, en cambio la memoria móvil es adaptable, nos permite avanzar sin traumas importantes.

Nos comentó que el premio le había satisfecho bajo todos los conceptos, entre otras cosas porque le permitiría seguir trabajando en la creación literaria. Preguntado sobre como encaraba su futuro siendo tan joven y habiendo llegado ya a una cima importante, respondió que lo veía más con respeto que con temor. Que seguía escribiendo, pausadamente, empleando el tiempo necesario, porque escribir bajo presión no es posible y no permite crear ni expresar sentimientos. Destacó que es necesario reciclarse y estudiar constantemente y que había llegado a su estilo propio a través de lecturas, de una curiosidad insaciable, de mantener una ideología abierta…

De Bilbao a Nueva York, con trasbordo en Francfort: así es el viaje que plantea Kirmen Uribe en su novela Bilbao-New York-Bilbao, en la cual el autor utiliza un motivo literario antiguo, el viaje, y le da un tratamiento actual, contemporáneo, en el que queda reflejada la realidad de geografías yuxtapuestas en que habita buena parte de la novela del siglo XXI, apegada a la tierra y a los horizontes extranjeros, sin renunciar a las raíces de la aldea y la familia ni a las afinidades diversificadas de la identidad global.

Pero el viaje de Uribe, poético y evocador, es, sobre todo, un trayecto para el despertar de la memoria: como si el avión en el que viajara fuera un gigante baúl del tiempo familiar, y de él fuera sacando fotografías de sus antepasados, de su abuelo pescador y su barco misterioso, del periodo infausto de la guerra y de multitud de anécdotas domésticas del narrador-protagonista, en un incontenible torrente verbal que enlaza con maestría un naufragio acaecido en otoño de 1908 y su irrenunciable realidad de pasajero rumbo a los Estados Unidos.

En un relato en que Uribe parece ficcionar su propia vida, en el que la biografía del autor se confunde con la voz del narrador, se cuenta la historia de tres generaciones familiares, en lo que podría ser un proyecto narrativo común en el siglo XIX, pero que el autor vasco no trata de alcanzar a través de una larga reconstrucción lineal, sino mediante breves remembranzas de sucintas evocaciones entreveradas con sus peripecias a bordo del avión, como espasmos fotográficos de la memoria que se interpolaran en el presente narrativo. Es el propio cronista de la historia el que mejor lo explica mientras desgrana su relato, sí, porque la novela también tiene mucho de metaliteratura, de escritura sobre la escritura, en un texto en el que se confunde el resultado creativo y el proceso de composición. “Le expliqué a Fiona el proyecto de la novela”, dice el narrador en las páginas de la ficción. “La idea había tomado cuerpo, y al final se estructuraría en torno a un vuelo entre Bilbao y Nueva York”. Poeta y narrador, el temblor de la palabra recorre el libro entero, sin excesos ni desmayos, y también las asociaciones azarosas propias de las construcciones líricas, en una muestra más de que la renovación de la narrativa puede que venga por el camino de la poesía.

“La Literatura de Uribe hunde sus raíces en el País Vasco, pero es totalmente universal”, ha dicho de él la prestigiosa revista de la Universidad de Harvard The Harvard Book Review. En efecto, porque la voluntad que se intuye en la novela es la de confundir las aventuras barojianas de unos pescadores de Ondarroa con los accidentes cotidianos de un viajero hijo de la globalización: hablar en euskera volando a Nueva York.

Kirmen Uribe acompañado de parte de la Junta directiva del Club del Libro.
El autor leyendo un fragmento de su obra Bilbao-New York-Bilbao
Kirmen Uribe durante el animado coloquio.
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