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“MI VIDA SOBRE RUEDAS” POR TERESA PERALES

Irina Montalvo, esposa del Embajador de la Misión del Ecuador ante las Naciones Unidas, Teresa Perales y Begoña Peris durante su intervención (Foto: F. Guillarón)
Vista parcial del público presente en la sala durante la conferencia (Foto: F. Guillarón)
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Teresa Perales durante la conferencia
(Foto: F. Guillarón)
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Vista de la mesa presidencial
(Foto: F. Guillarón)
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Teresa Perales acompañada por miembros del Club del Libro en Español
(Foto: F. Guillarón)

Con motivo del “Día Internacional de la Mujer” el Club del Libro en Español de las Naciones Unidas, en colaboración con el Colegio Internacional de Ginebra, la Misión del Ecuador ante las Naciones Unidas y los Organismos Internacionales y la Misión de España ante las Naciones Unidas, presentó el día 29 de marzo en la Sala XVI del Palacio de las Naciones en Ginebra a la Campeona Paralímpica Teresa Perales.

La elección de Teresa Perales para celebrar el “Día Internacional de la Mujer” constituye un homenaje a tantas mujeres anónimas cuyo cotidiano es una continua lucha por salir adelante, mantener su independencia, desarrollarse como personas e integrarse en la sociedad. En este sentido no cabe la menor duda que la trayectoria y la vida de Teresa son un canto a la superación, a la perseverancia, a la entereza, y a la fuerza de voluntad, factores que, unidos al deseo y a la ambición por superar todas las barreras que le impone su minusvalía, le han permitido una total integración en la sociedad, la han convertido en un ejemplo a seguir y han hecho de su vida un himno a la belleza del mundo que nos rodea. Teresa es una mujer para la que nada parece imposible y que ha convertido en realidad el famoso refrán popular español “Hace más el que quiere que el puede”.

Tras unas palabras de bienvenida y de agradecimiento de la Presidenta del Club del Libro, Begoña Peris, Irina Montalvo, esposa del Embajador de la Misión del Ecuador ante las Naciones Unidas, realizó la presentación de Teresa Perales glosando la figura de la deportista y haciendo hincapié en su dimensión humana.

Teresa Perales inició su exposición confesando que creía firmemente que la felicidad se encuentra en nuestro entorno, a nuestro alrededor, cada uno de nosotros elige su camino, está en nosotros el acceso a esa espiral de optimismo y felicidad a la que Teresa llama la “Teoría del Espiralismo”.

Teresa confesó que la discapacidad es un problema que conlleva dificultades e inconvenientes en los que en condiciones normales no pensamos. Por ejemplo, cuando la enfermedad te paraliza las piernas, te das cuenta que cuando sales con amigos tu hora de volver a casa es cuando tienes necesidad de ir al baño, y que no puedes ir a sitios con escaleras porque no puedes subirlas ni bajarlas. Pero el cerebro y la voluntad del ser humano lo puede todo, de manera que la imaginación hace que donde no puedas llegar físicamente, puedas hacerlo mentalmente. Un buen ejemplo, es cuando durante mi etapa como Diputada por las Cortes de Aragón me sentía muy implicada en el tema del Sahara y quería ir a conocerlo y a conocer a sus gentes, pero el tema del baño constituía un gran problema, hasta que a mi madre se le ocurrió hacer un agujero a una silla plegable de tela y confeccionar una túnica con un agujero en la cabeza que me cubría totalmente con lo cual ya teníamos el baño portátil que tanto necesitaba y que me resultaba tan imprescindible. Me gusta decir que la vida es como un juego de ajedrez, en el que cada uno de nosotros somos los que movemos la ficha. Hay otra metáfora que me gusta mucho, la de los trenes. Los trenes pasan a nuestro lado cargados de oportunidades y hay que coger el tren porque quizás no vuelva a pasar. Es lo que sucede con la sociedad, que nos va ofreciendo cosas que hay que ir aprovechando.

Cuando me quedé paralítica no sabía nadar. Mi primera vez en la piscina, sin sensibilidad en las piernas, con un salvavidas, haciendo acrobacias y con mi hermano y mi tío, uno a cada lado con un silbato, no permitía imaginar un futuro deportivo prometedor, que debo a mi entrenador Ramira que hizo de mí una nadadora en condiciones. La natación ha sido muy importante para mí, por un lado porque la silla significa, en relación a los demás, una bajada de unos 15cms que hace que tengas que mirar constantemente hacia arriba, lo que provoca que el cuello sufra; en cambio, en el agua estoy al nivel de todo el mundo, me siento libre y esa sensación me encanta.

El deporte ha permitido, por un lado, que mi discapacidad perdiera importancia, que olvidara mirarme los pies para ver si movía los dedos cada día al levantarme y, por otro lado, me ha hecho entender que “Mal de muchos consuelo de tontos” y que en “En el reino de los ciegos el tuerto es el rey” y he podido darme cuenta que en el mundo del Paralimpismo muchos de mis compañeros con minusvalías mucho más graves que la mía, sí que hacen realmente proezas de vida. Me encanta no sólo nadar sino competir y sobre todo ganar.

Creo firmemente que en la vida nadie se ahogaría si supiera afrontar lo que nos va deparando el día a día, gracias a la voluntad que todo el mundo puede ejercer ya que está por encima de la magia del deporte. Cuando nos enfrentamos a lo desconocido somos como las pequeñas tortugas, primero sacamos los ojos con miedo porque no sabemos lo que nos espera, pero luego, al sacar la cabeza vemos el mar y ahí se abre todo un nuevo mundo lleno de expectativas. El que llega más lejos es el más fuerte emocionalmente.

He tenido la suerte de tener una familia estupenda, mi padre, que vino a Zaragoza con una cajita de mudas para casarse con mi madre. Gracias a ellos tengo lo que tengo, ellos me enseñaron a ser valiente. Por eso considero que el momento que significó realmente un cambio brutal en mi vida, curiosamente no fue la pérdida del uso de mis piernas, sino la muerte de mi padre, que me enseñó que lo único que no tiene solución es precisamente la muerte. No me gusta ni la compasión de la gente ni su desprecio, la silla no me ha impedido hacer grandes cosas en mi vida, de hecho hago más cosas que muchos otros aunque vaya en silla de ruedas. Llevo la silla de ruedas en el culo no en la cabeza. Si me dijeran que me regalaban las piernas a cambio de perder lo que he ganado, diría rotundamente que no, soy, sin ninguna duda, mucho mejor persona ahora que antes.

Cuando me contactaron para que escribiera mi vida me pareció raro que se lo pidieran a una persona con 30 años, que son muy pocos para tener grandes cosas que contar. Pero como tengo la suerte de que mi marido Mariano Menor sea periodista, él no sólo me animó a hacerlo sino que me ayudó a escribirlo. Mi libro “Mi vida sobre ruedas” es un libro sencillo, simple como yo, transparente. Aunque mi libro me hace sentirme en desventaja porque mucha gente sabe todo de mí y yo no sé nada de ellos.

Para convertirme en Diputada requerí el empujón de mi marido y de toda mi familia y supuso un gran esfuerzo. Tuve que vencer mi timidez, hablar en público y navegar en mareas encontradas. Las Cortes de Aragón tienen una gran relación con la calle, lo que permite una gran cantidad de iniciativas parlamentarias que supone un gran reto para una Diputada como yo. Creo que en política hay que tender hacia la utopía y que no lograrlo, no implica derrota, sino el éxito de haber tratado de conseguirlo. La política desgasta y requiere que la persona que la ejerce quiera comprometerse en una época, como la nuestra, de crisis de valores y de esperanza. Salir de un círculo negativo, en el que se establece un movimiento de peonza que no te absorbe, requiere de una gran fuerza de voluntad para convertirlo en el otro tipo de espiral de felicidad y optimismo, imprescindible para salir adelante.

Creo que la “Normalización” implica “Igualdad de oportunidades”. Puedo resumir mi filosofía en dos puntos: primero “No dar importancia a la discapacidad” y segundo “Sacar partido de la discapacidad”. Vuelvo a decir que soy una persona optimista y con mucha suerte tengo una familia estupenda, un marido y un hijo maravilloso que me llenan de felicidad.

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