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“Conferencia “La novela policiaca en la literatura en lengua española”, por Leonardo Padura

Isabel Avilés, Vicepresidenta del Club del Libro, dando inicio a la conferencia.
(Foto: F. Guillarón)
Janet Román, representante de la Misión de Cuba, durante su intervención.
(Foto: F. Guillarón)
Vista de la Sala Marruecos y del público asistente (Foto: F. Guillarón)
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El escritor Leonardo Padura dando su conferencia (Foto: F. Guillarón)
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Leonardo Padura acompañado por representantes de la Misión de Cuba y miembros del Club del Libro

El pasado día 2 de mayo a las 18h30 en la Sala Marruecos del Palacio de Naciones tuvo lugar la conferencia sobre "La novela policiaca en la literatura" en la que el escritor cubano Leonardo Padura presentó su libro "El hombre que amaba a los perros".

La velada comenzó con los agradecimientos por parte de la Vicepresidenta del Club del Libro, Isabel Avilés, a la Misión Permanente de Cuba ante NNUU y a la Misión de España ante NNUU por su apoyo en la realización del acto, así como de una forma muy especial, a Lola y John Deighan por ser los principales impulsores de muchas de las tertulias literarias que organiza el club, por su labor desinteresada y su compromiso constante con la cultura en lengua española.

Janet Román, como representante de la Misión de Cuba, pasó a hacer una breve reseña de la biografía del escritor y sus obras. Tras ella tomó la palabra Leonardo Padura, quien también agradeció al Club y a John Deighan la invitación para presentar su libro en el Palacio de Naciones. Dijo sentirse muy halagado por la calidad de los escritores que le habían precedido como invitados del Club. Comenzó explicando que nació en La Habana (Cuba) en 1955. En 1980 se licenció en literatura hispanoamericana y tras una destacada trayectoria como periodista de investigación se comenzó a cultivar el ensayo y la escritura de guiones.

A lo largo de su dilatada carrera ha desarrollado una labor intensa en el ámbito periodístico que le ha dado muchas satisfacciones, puesto que, según sus palabras, "en ese periodo de tiempo escribí lo que quería, como lo quería y cuando lo quería".

Pero es en 1995 cuando, a través de la llamada de teléfono a un vecino, que él creía ser una broma, se le informa de que su novela " Máscaras" había sido galardonada con el Premio Internacional de Novela "Café Gijón". Es entonces cuando su carrera alcanza una proyección internacional. Máscaras es la tercera novela de una serie de historias policiacas protagonizadas por el teniente Mario Conde. Padura dice de ella: "Estas novelas son falsos policiacos, porque la historia policiaca es un pretexto para tratar otros intereses míos, que tienen que ver con la sociedad, con la realidad cubana, con la vida actual en la isla. Creo que, de una forma u otra, hacen una reflexión sobre la sociedad cubana desde dentro de ellas mismas. No cuentan la clásica historia que narra las aventuras de un investigador que tiene que resolver un misterio; cuentan mucho más que eso. Incluso, dentro de su misma estructura, las historias policiacas están contenidas dentro de otras mayores que las desbordan. La novela comienza con una historia y termina con ella, pero dentro está la historia policiaca."

Según sus palabras: "El personaje de Mario Conde es un policía casi imposible en los órganos policiales cubanos. Estos personajes de ficción de pronto se han empezado a convertir en personajes de la realidad. Mario Conde se va convirtiendo cada vez más en una referencia para muchos lectores. Y me hablan de Mario Conde como alguien que existe. Se preocupan por su destino. Me preguntan si, en esta última novela, El Flaco Carlos se muere o no se muere, y qué va a pasar con Andrés y el Conejo, si se casa, o qué pasa con Tamara. Y de pronto los personajes empezaron a irse de la ficción y crear su propia realidad dentro de la ficción. Y a medida que estos personajes se van alejando de uno, van entrando en su propia realidad."

Después de estas palabras sobre la novela policiaca pasó a disertar sobre su libro "El hombre que amaba a los perros". Para mí, Mercader -dijo- es un hombre que estuvo alrededor de uno de los acontecimientos históricos más dramáticos, simbólicos y reveladores del siglo XX. Su historia, además, es permanente: un hombre que renuncia a todo por una fe, que se inmola por una ideología cargada de escolástica y trascendentalismo, como sin duda fue el socialismo soviético. Mercader es un símbolo de cómo el fanatismo es capaz de pervertir y utilizar a los humanos, y pocas realidades pueden ser más actuales.

Durante cinco años consultó las fuentes más diversas. En todo ese proceso lo que más le impresionó fue descubrir lo poco que sabían los cubanos de su generación de lo que había sido la verdadera historia soviética. Su conocimiento de lo que ocurrió en la URSS fue parcial y seleccionado. Se les hizo creer en algo de lo que no conocían las entrañas más oscuras, una ideología que se presentaba como la consumación del humanismo pero que en realidad arrastraba la sangre de diez, quince millones de víctimas.

Cuando los participantes al acto tomaron la palabra, se le preguntó sobre la posibilidad de que él llegará a perdonar a Mercader por creerle a la vez verdugo y víctima. Padura contestó: "Yo he tratado de entenderlo, de buscar sus razones. No niego que su final, casi abandonado, sabiendo que había sido utilizado y engañado, llega a provocar una cierta compasión. Pero no lo perdono, eso no. Siempre queda, incluso en el totalitarismo más férreo, un resquicio ético que el individuo puede manejar desde sus propias convicciones y que te permite decir que no ante lo inadmisible y no convertirte en parte de algo reprobable, como el crimen, la delación, la traición. Las proporciones de la perversión política, económica, filosófica, ética y hasta estética que implicó la apropiación por parte de Stalin de una idea y de una revolución que pretendían crear una sociedad con la mayor equidad social y con las máximas posibilidades de realización humana, fue la mayor traición. El estalinismo se exportó y se convirtió en legado y, con otros métodos y rostros, frustró la realización del gran sueño utópico de los hombres: la sociedad de los iguales."

En respuesta a otra pregunta, Padura habló de la película "Siete días en La Habana". Son siete historias dirigidas por siete directores distintos, que transcurren en siete días. Leonardo Padura es el autor de varios de los guiones y el encargado de coordinar el trabajo entre los realizadores. Según sus palabras "será una película divertida, triste, muy plural, en la que quedará como efecto el hecho de que, en La Habana, todo puede ser tan difícil, a la vez que todo es posible."

Desde los años finales del siglo pasado en la narrativa cubana se ha trabajado lo que se ha dado en llamar la literatura del desencanto, que no es sólo un reflejo de la crisis que vive el país desde entonces, sino, y sobre todo, del cansancio de los individuos. El exilio al que se han ido tantos cubanos es una de las manifestaciones de ese desencanto; pero también lo es la opción por la crítica y el debate de muchos de los que nos hemos quedado a vivir en la isla.

Para Padura los cambios políticos están dinamizando los cambios sociales. Él piensa "que se están limpiando los raíles para que cuando el tren se ponga en movimiento, lo haga sin problemas y con velocidad". Leonardo Padura vive en Cuba y realiza una radiografía de la vida actual en la isla. Él afirma no ser objeto de censuras y por el contrario tener la posibilidad de encontrar editores en cualquier parte del mundo con absoluta libertad.

Leonardo Padura, más allá de su calidad como escritor, dejó entre los asistentes al acto una profunda impresión de cercanía, cordialidad y simpatía que será recordada por todos.

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El escritor Leonardo Padura con miembros del Club del Libro y representantes de la Misión de Cuba ante las Naciones Unidas en Ginebra.
(Foto: F. Guillarón)
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