<ACTIVIDADES / DIARIO>

MAURICIO ROSENCOF “UNA VIDA COMPROMETIDA”

Vista de la Mesa Presidencial
(Foto: F. Guillarón)
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Vista de la sala y los asistentes a la conferencia (Foto: F. Guillarón)
Mauricio Rosencof durante la conferencia
(Foto: F. Guillarón)
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Vista de la mesa presidencial y el público asistente (Foto: F. Guillarón)
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El escritor respondiendo a las preguntas de los asistentes (Foto: F. Guillarón)
El escritor acompañado por la Presidenta del Club del Libro, Begoña Peris
(Foto: F. Guillarón)

El miércoles 16 de noviembre el Club del Libro en Español, con la colaboración de la Misión del Uruguay ante la ONU y los Organismos Internacionales, los profesores John Deighan y Lola Robledo y el apoyo de la Misión de España ante la ONU, tuvieron el placer de recibir la visita del escritor uruguayo Mauricio Rosencof quien dio la Conferencia “Una vida comprometida”.

Después de unas palabras de bienvenida de la Presidenta del Club del Libro Begoña Peris, la Embajadora de la Representación Permanente del Uruguay, Sra. Laura Dupuy, fue la encargada de realizar la presentación de Rosencof, uno de los autores uruguayos contemporáneos con más repercusión internacional. Al acto asistió el Embajador de la Misión de España, Agustín Santos.

La Conferencia evolucionó rápidamente hacia un coloquio con el público, formado en su mayor parte por estudiantes del Liceo Internacional de Ferney-Voltaire, quienes efectuaron un gran número de preguntas.

Rosencof, quien sostiene que la literatura de una nación es parte integrante de su historia, de su memoria, inició su intervención estableciendo un paralelismo con la obra de Primo Levy, que escribió “Survival in Auschwitz”, obra que es el relato de su vida de prisionero en Auschwitz. Levy se escribía en las piernas las cosas que sucedían que no quería olvidar, lo que llevó a unos de sus compañeros a decirle “Yo sé por qué Dios te mantiene con vida, para que des testimonio de este horror”, a lo que Levy contestó “Dios no se encuentra en el círculo de mis íntimos amigos, pero voy a dar testimonio”. Rosencof centró su conferencia principalmente en la obra literaria que ha escrito para dar testimonio del tiempo vivido en prisión. Entre estos trabajos podemos destacar “Memorias de calabozo”, escrito en colaboración con Fernández Huidobro (actual Ministro de Defensa del Uruguay), “Las cartas que no llegaron”, “La margarita”, “El Bataraz”, y el poemario “Conversaciones con la alpargata”.

Rosencof dijo que durante el tiempo que estuvo prisionero lo más duro era vivir en un mundo sin niños, lo que les hacía, en las escasas ocasiones que les llevaban al baño, recortar fotos de niños y metérselas en los zapatos para sentirse acompañados. Mauricio (el ruso) recibía la visita de su hija Alejandra, que decía que su papá no tenía manos porque nunca se las podía ver en sus visitas ya que las tenía esposadas debajo de la mesa. Unas navidades, como no tenían nada que les permitiera hacer un regalo a la niña, se le ocurrió rascar el revoco del muro de la celda y encontró una piedrita que pulió con las manos. En la siguiente visita de Alejandra se la pasó al guardia quien después de mirarla y remirarla aceptó dársela a la niña. Entonces Rosencof le contó a su hija que cuando Pulgarcito y sus hermanos fueron abandonados en el bosque pudieron volver a casa con sus padres gracias a unas piedritas, de las cuales sólo quedaban tres, una en el Museo del Louvre, otra en el Museo del Prado y la tercera era esa que ella tenía en su mano, que había llegado a su poder por arte de magia. Mauricio Rosencof se enteró después que su hija dormía con la piedra debajo de la almohada para que le mostrara a su papá el camino a casa. Esta historia daría lugar a la obra “Piedritas debajo de la almohada”.

El Niato (Eleuterio Fernández Huidobro, actual Ministro de Defensa del Uruguay) tenía una hija de unos meses, Gabrielita, pero para poder verle era tan duro el registro que la niña lloraba mucho y el Niato no podía soportar verla sufrir. Un día, a través del lenguaje codificado con el que se comunicaban entre ellos, le dijo que iba a pedir que no le visitara más. Mauricio le dijo: está bien, si es lo que quieres, pero si ahora piensan que no tenemos manos creo que es peor que tu hija piense que no tiene padre. Pero al Niato también le angustiaba el pensar que como no tenía nada no podría nunca hacerle un regalo y temía que con el tiempo ella no quisiera volver. Entonces Rosencof le sugiere que le cuente un cuento, un capítulo en cada visita, de manera que retenga el interés de la niña. Pero eso es imposible, Ruso, yo no sé escribir. Entonces Mauricio le dijo: cuando sepas que va a venir yo te escribiré un cuento para ella. Así nació un cuento “Los pollitos azules”, en el que una niña llamada Gabriela le dice a su mamá que en su cuarto hay un pollito azul. A la madre le parece increíble, pero efectivamente el pollito está en el cuarto de la niña y es real y al día siguiente, al ir a despertarle, de debajo de la cama sale toda una familia de pollitos azules. Entonces se dan cuenta de que la niña tiene el don de hacer reales los animales que aparecen en las historias y ven con horror que acaba de leer un libro en el que aparece una ballena. Imaginen qué va a pasar con ese enorme animal en la casa. La historia se termina y es en el siguiente capítulo cuando la niña consigue reducir el tamaño de la ballena que aparece diminuta en su cama. De esta forma, durante años, las historias se suceden enlazándose unas con otras, de forma que al quedar inconclusas mantienen la intriga y el deseo de oírlas de la hija del Niato.

Rosencof resaltó la enorme importancia que adquirió para su vida en el calabazo y sobre todo para su cordura el código de comunicación que desarrollaron con el Niato, una especie de Morse que realizaban golpeando el muro con los nudillos y que les permitía comunicarse entre ellos y con el Pepe (José Múgica actual presidente del Uruguay), cuyo calabozo estaba al otro lado del de Mauricio.

En respuesta a la pregunta de una alumna explicó que del alfabeto desecharon algunas letras por inútiles y las letras dobles o repetidas. Dividían el alfabeto en cuatro grupos de cinco letras, el primero estaba formado por A B C D E, la A era un golpe, la B dos, etc.

Relató el cambio tan drástico que se produjo en la vida carcelaria, cuando uno de los guardianes, que tenían prohibido hablarle, entra en su calabozo y le dice “Ordena decir el sargento que, si es el escritor, le escriba una carta a su novia”. La carta tuvo tanto éxito que se corrió la voz y tuvo “valor de canje”, a cambio de cartas y poemas obtenía un trozo de pan, cigarrillos, un huevo duro. Cuando uno de los soldados le dejó la parte de dentro de un birome (de un bolígrafo) escribió la obra “La margarita” en papel de fumar y la metió en el dobladillo de la ropa que enviaba a lavar a casa de su madre, y así burlando la vigilancia de los guardias logró que saliera al exterior. De este modo, sacó de la cárcel no sólo esta novela sino otras obras, aunque reconoció que no todas se salvaron, ya que perdió una obra de teatro y algún cuento. Sus cartas lograron que un guardián de la prisión conquistara y se casara con una joven estudiante del liceo cercano, de la que se había enamorado. A Rosencof le cambiaron de prisión, pero al cabo de un cierto tiempo volvió y el guardián le dijo que era una suerte porque su mujer le decía que desde que se habían casado no le escribía ni cartas ni poemas como antes. Así que Mauricio le escribió un montón de poemas y cartas para que le quedaran, incluso si a él le trasladaban de nuevo, como ocurrió más tarde.

Rosencof explicó en contestación a una pregunta que le hicieron los alumnos, que la fuerza para sobrevivir en las condiciones en las que transcurría su vida en un calabozo, bajo tierra, incomunicado, sin nada para escribir o leer, siendo torturado, trasladado numerosas veces de prisión e incluso pensando en que iban a ser fusilados, fue la fuerza de sus convicciones, sus recuerdos, la creación literaria, el humor, el deseo de testimoniar si salían vivos. Todo esto lo plasma en el libro “El Bataraz”, en el que la dignidad y la valentía se imponen al quehacer sistemático de la crueldad.

Ante el interés de los estudiantes por saber si algún guardián había sido humano con ellos contestó que sí, pero que no podían citar sus nombres por no ponerles en peligro a ellos o a sus familias, y que incluso después de salir de la cárcel salieron a comer el Niato, el Pepe y él con el guardián que le dio la parte de dentro del bolígrafo.

Rosencof fue liberado en 1985. Cuando salió después de las ruedas de prensa, etc., fue a visitar a sus padres a la residencia donde vivían. Al llegar a la habitación donde estaban se miraron como si se hubieran visto el fin de semana y la primera frase que le dijo su madre fue algo que sólo dice una madre: “¿Hijo comiste?”

Uno de los momentos más emotivos después de su salida de prisión fue el encuentro con su hija Alejandra. Se fundieron en un abrazo permaneciendo abrazados un rato enorme. Este reencuentro es objeto de un corto cinematográfico que está filmando la joven realizadora Sofía Lahman, que se encontraba en la sala.

Rosencof cautivó a la audiencia con la fuerza de su expresión, el despliegue de su imaginario, su sentido del humor, su alegría de vivir, su fuerza y su ternura. En resumen, una conferencia-coloquio difícil de olvidar.

De izq. a der.: Genara Roviralta, Coral Valente, la Embajadora de Luxemburgo Joanna Feyder, Matilde López Aguerre, esposa del escritor, Mauricio Rosencof, Begoña Peris, Mirta Nordet, Carmen Celaya y Puri Capel (Foto: F. Guillarón)
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