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PRESENTACIÓN DE LA NOVELA “BAJO EL AGUA”, DEL MÉDICO Y ESCRITOR ALBERTO INFANTE

El jueves 26 de enero de 2012, el Club del Libro en Español de las Naciones Unidas y la Asociación de Funcionarios Internacionales Españoles, AFIE, con la colaboración de la Representación Permanente de España ante las Naciones Unidas y los Organismos Internacionales, tienen el placer de presentar la novela “Bajo el agua” del médico y escritor Alberto Infante, que tendrá lugar a las 18.30 h en la Sala S4, del Palacio de las Naciones en Ginebra.

“Bajo el agua”, publicada en 2011, transcurre durante el período que va de finales de los años cincuenta hasta el final de los sesenta del pasado siglo, en un Madrid en pleno cambio. Concebida como un conjunto articulado de relatos, cada uno de los cuales tiene vida propia, narra la evolución de un grupo de chicos de clase media desde la infancia hasta el fin de la adolescencia. El autor nos describe el mundo en el que se desenvuelven estos chicos, el ambiente del colegio, las familias, los barrios comprendidos entre el distrito de Salamanca y la Vaguada; a la vez que nos va perfilando los cambios derivados de los primeros choques culturales y sociales, de las primeras experiencias políticas y sexuales, de las primeras salidas al extranjero, mientras vamos asistiendo a los cambios en sus maneras de pensar, a sus reflexiones que van marcando el paso hacia la madurez.

En esta obra, junto a los protagonistas, aparecen toda una serie de personajes secundarios que entran y salen, se suceden en el espacio y el tiempo, personajes llenos de fuerza dramática a quienes el autor describe de forma ágil y poética, a la vez que los va diseccionando con la precisión de un escalpelo. Infante, con la claridad de quien es testigo y parte de lo que relata, nos permite contemplar, escudriñar los reflejos del ayer y los fulgores del mañana, permitiendo a los lectores que vivieron aquella época evocarla, y a aquellos que no la vivieron comprenderla mejor.

“Bajo el agua” es una novela que tiene el acierto y el mérito de ser un retrato de las complejidades e incertidumbres del paso de la niñez a la adolescencia, y una recreación del cambio social que precedió a la transición española.

Alberto Infante se refiere a “Bajo el agua” diciendo: “Al escribirla yo aspiraba básicamente a dos cosas: a reconstruir un determinado clima moral, educativo, ético y estético de un período en mi opinión determinante de nuestra historia reciente; y a hacerlo desde el punto de vista de la maduración intelectual y afectiva de unos niños que crecen, aprenden, disfrutan, sufren, aciertan y se equivocan como la mayoría de los niños: a tientas. Es decir, confundiendo aspiraciones, realidad, y futuro con un cierto tipo de sueños. Como un gran número de primeras novelas esta tiene también algo (o mucho) de autobiográfico por lo que cualquier parecido entre los hechos y los personajes que en ella aparecen y hechos y personajes reales no se debe a una mera coincidencia. Pero se trata de una obra de ficción y como tal debe leerse. La literatura, a diferencia del (buen) periodismo o de la historia (seria), no busca informar o explicar sino evocar; o lo que es lo mismo, desencadenar en el lector un proceso personal e intransferible de apropiación y recreación del personal universo que el autor propone. Aspira a compartir, a dejar huella. Todo lo efímera que se quiera. Pero huella al fin y al cabo. Si en pocos, bien está. Si en muchos, mejor que mejor. Desde luego, yo me daría por satisfecho si esta primera novela mía consigue algo de eso”.

Alberto Infante, poeta y escritor, nacido en Madrid, es doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, diplomado en Administración General de Empresas y Análisis de Sistemas por la Escuela de Organización Industrial (Madrid) y experto en Salud Pública y Administración Sanitaria.

Ha trabajado en el Ministerio de Sanidad y Consumo desde finales de los ochenta, donde ha sido Subdirector General de Relaciones Internacionales, Director del Gabinete del Secretario General para el Sistema Nacional de Salud, del Secretario General de Planificación y del Subsecretario de Sanidad y Consumo. Tras pasar unos años en Estados Unidos, vuelve a España en 2004 siendo Asesor Ejecutivo en el Gabinete de la Ministra de Sanidad y Consumo. En diciembre de 2005 fue nombrado Director General de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud. Ha sido Secretario del Consejo Asesor del Ministro, Director General de Cohesión. En la actualidad es profesor en la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III.

La vocación literaria de Alberto Infante nace en su adolescencia, podemos decir que escribe poesía desde siempre, Infante dice escribir sobre la experiencia humana. "Un médico no escribirá un poema épico, pero sí poesía que trate del ser humano" y afirma que “la poesía que escribe en sus ratos de ocio y su trabajo de médico no es tan diferente, la poesía mejora el estado de la mente lo que implica una mejora del cuerpo de una persona y de su entorno, de lo que deducimos que la poesía puede ayudar a la sanidad”, idea en la que coincide con Aristóteles, quien sostenía que el valor terapéutico de la poesía, reside en su poder de estimular y descargar la fuerza emocional, a través de pasiones como el miedo, la piedad o el fervor religioso, evitando el desequilibrio de la razón.

Alberto Infante es uno de los muchos ejemplos de médicos que han sido a la vez poetas y escritores a lo largo de la historia.

Desde tiempos remotos el hombre atribuía poderes mágicos tanto a la poética como al arte de curar, las tablillas de barro cocido de Mesopotamia y los papiros de Egipto llevan inscritos versos para consagrar remedios e instrumentos, preparar al enfermo para el tratamiento y ayudar al médico en su labor curativa.

La necesidad del hombre de expresarse utilizando palabras a menudo incomprensibles que siguen una cadencia rítmica y que parecen poseídas del extraño poder de remover las emociones es tan antigua como la humanidad. En la mente de los antiguos griegos la poesía y la medicina estaban íntimamente ligadas, como lo demuestra el hecho de que Apolo fuera el Dios de la medicina y de la poesía.

Durante centenares de años el cultivo de la poesía en latín, entre la clase médica, era una tradición.

En 1948, Francisco López de Villalobos, médico español de la corte real, escribe un poema de 74 estrofas sobre la sífilis “Sumario de la medicina con un tratado sobre las pestíferas bubas”. Entre los médicos poetas destacan John Keats, Friedrich Schiller, Sir Charles Scott Sherrington, W. C. William, y entre los españoles podemos citar a Gregorio Marañón, endocrino y poeta, y a Vital Aza, entre cuyas composiciones destaca el poema satírico “A mi médico”.

Durante los años 80, Alberto Infante hizo crítica de poesía en la revista La Luna de Madrid, publicación que se convirtió en un emblema de la modernidad, de la “Movida madrileña”. La idea de La Luna era que Madrid podía ser una gran ciudad abierta, plural y divertida, se trataba de olvidar los complejos y de mirar de tú a tú a las otras grandes ciudades europeas. Era una revista de artistas con una redacción abierta a colaboradores que, en una gran medida, participaban en ella desinteresadamente. Se hacía desde Madrid, pero no sólo para Madrid. Nunca una revista cultural independiente, con sus presentaciones atípicas y provocadoras, ha tenido tanto impacto en España; en su mejor época llegó a vender más de 30.000 ejemplares.

Desde su regreso de los Estados Unidos, donde fue funcionario de Naciones Unidas durante 8 años, trabajando como funcionario de la OPS/OMS con sede en Washington DC, ha desarrollado numerosos talleres de iniciación a la escritura de relatos, entre otros lugares, en el Centro de Poesía José Hierro de Getafe, la sede de Médicos del Mundo de Bilbao, el Ateneo de Madrid, la Universidad George Washington, y en diversas ciudades españolas en la serie de cursos de la Fundación para el Fomento de la Salud (FUFOSA).

“Yo le debo mucho a la poesía”, dice Infante “Le debo algunos de mis mejores momentos junto a mis hijos, cuando, justo antes de dormir, les leía la Balada del Viejo marinero de Coleridge, o les mal cantaba poemas de Góngora, de Lorca, de Neruda, de Machado, de Miguel Hernández, de Gabriel Celaya que Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat habían puesto música, el mejor pago a aquel esfuerzo me lo dio mi hija un día en que, preguntada por su maestra sobre la profesión del padre, respondió, con la clarividencia de los once años: Médico y poeta. A la poesía le debo también el mejor consuelo de las horas más amargas que, ahora que lo pienso, fueron bastantes. O, al menos, así me lo parecían mientras duraron”.

Publica en 2003 "Dicen que recordar", conjunto de relatos, diversos y entrañables, que lleva por título el de uno de ellos un relato intenso y breve en el que una mujer, recapacita sobre “uno no recuerda lo que quiere sino lo que puede”, mientras piensa como recordará lo que está viviendo, la enfermedad de su marido, el hospital, el tratamiento, el coma.

En 2004 publica "La sal de la vida", un libro de poemas sobre el amor, que trata de la experiencia y la tensión entre el mundo objetivo y subjetivo.

En 2006 sale a la venta "Diario de ruta", selección de poemas en el que según palabras de su autor “encontramos poemas que nacieron como poemas y así se quedaron, y poemas que nacieron como poemas y se fueron alargando, transformando, hasta convertirse casi en pequeños cuentos”.

También ha escrito “Miniaturas: Pequeños cuentos mestizo”, pequeños relatos que son una crónica del ir y venir cotidiano, vivencias breves pero intensas que sorprenden e interpelan al lector. Se han publicado en el portal “Madrid entre dos orillas” (www.entredosorillas.org)

En 2008 salió a la luz “Circunstancias Personales”, obra compuesta por un conjunto de quince cuentos en el que el lector asiste a un desfile de personaje y situaciones que van desde el esperpento de la España de la posguerra a las obsesiones personales de las clases medias urbanas, son relatos que aúnan emoción acción y reflexión, en ellos conviven espacios cerrados, claustrofóbicos con viajes a otros continentes, otras culturas, el lector bascula de la risa , a la reflexión, de la angustia a la sorpresa. El conjunto constituye un logrado y preciso dibujo de un tiempo y un país.

En 2008 publicó “Los poemas de Massachusetts” obra compuesta por cuarenta y cuatro poemas, organizados en cuatro partes “Retrato en Sepia”, “No hay Godot en Beckett”, “Siempre están” y “Los poemas de Massachusetts”, que dan título al libro, que se inicia con una “oración” y finaliza con “Epílogo”: “Caminar aprisa, negar con la cabeza, no volver la vista atrás: he ahí toda una / declaración de principios basada en principios. / Espinoza escribió sobre esto. Sólo que él no huyó aunque lo persiguieron sin tregua/ Sabía mirar”.

Este año 2011, ha sido publicado en la Editorial Hiria, en San Sebastián, un libro al que el autor tiene un especial cariño, “Línea 53”, que consta de 14 relatos, todos protagonizados por mujeres, algunos de ellos, narrados con voz de mujer, en los que Alberto Infante con una prosa directa, ligera, transmite la complejidad de la vida y de los sentimientos que habitan a estas mujeres, mujeres de todas las edades y condiciones, con las que el autor consigue emocionar y hacer vibrar al lector.

Buena parte de sus trabajos, muchos inéditos, pueden verse en la página electrónica: www.albertoinfante.es

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