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RECITAL POÉTICO DE LOS POETAS IGNACIO CARTAGENA Y EDUARDO MOGA

El miércoles 26 de junio a las 18.30h en la Sala XXVII del Palacio de las Naciones en Ginebra, el Club del Libro en Español, en colaboración con la Representación Permanente de España ante las Naciones Unidas y los Organismos Internacionales, tienen el placer de presentar el recital poético de los poetas Ignacio Cartagena y Eduardo Moga.

La idea de realizar un recital poético conjuntamente con Eduardo Moga surge a raíz de la publicación del último poemario de Ignacio Cartagena “Románico tardío”.

Ignacio Cartagena: Nació en Alicante en 1977. Combina su carrera diplomática con la literaria. Ha publicado los siguientes poemarios: “Memoria de un desnudo” en editorial Medialuna, Navarra, en 2002; “Los nombres de Tanit”, de la editorial del autor, Madrid, 2006; “Tu cuerpo y otras dudas”, editorial Sial, Madrid, 2009 y “Románico tardío”, de la editorial Aguaclara, Alicante, 2012; además de poemas y colaboraciones en diversas revistas literarias.

En 2006 organizó el primer encuentro hispano-palestino de poesía joven, y en 2009 un encuentro similar entre jóvenes autores rusos y españoles en Moscú, con el apoyo del Instituto Cervantes. Ese mismo año publicó la breve monografía “Escrita en silencio: poesía albanesa contemporánea”, de la editorial Oniria, Barcelona, 2009.

La poesía de Ignacio Cartagena es una poesía alegórica, realista. El poeta utiliza un lenguaje poético pleno de elementos fútiles, a veces triviales, que convierte en herramientas líricas de enorme resonancia. En el centro de la cotidianidad que nos muestra Cartagena, se distingue un tema constante, universal e intemporal, que es el amor. Su obra se caracteriza por su fuerza innovadora a pesar de ostentar un aparente clasicismo. Ignacio Cartagena dice sentirse atraído por el enigma de las casas y las habitaciones deshabitadas, por ese “olor acre” que desprenden como si fueran “celdas de clausura”. Sobre este tema podemos encontrar varios poemas en su libro “Románico tardío”.

Envidia

Corta por la línea de puntos
Une los dos pedazos de papel,
Míralos al trasluz.
Disfruta de la vista de estos dos cuerpos humanos
Formando, por momentos, uno solo.
Y a veces no queriendo ser ninguno.
Acércalos, ahora, un poco más
A la bombilla…

Las aguas sulfurosas

Las aguas sulfurosas, siempre a medio digerir,
remontan los profundos intestinos de la tierra
e inundan tu piscina de alabastro.
Las aguas sulfurosas siempre están en una arista
del vapor, como los cactus en la duna,
como los alacranes en la piedra,
Y al único ser vivo que se encuentran en su curso
-tu pie arrugado y frío- lo confunden
Con un canto rodado. Poco importa:
No tardan en quitarle, capa a capa
Su coloración, su peso; es su manera de purgarse
Del tiempo que han pasado carcomiéndose a sí mismas.

El dormitorio

Llegado a este remanso
del día en que te observo desvestirte
me viene a la memoria aquella frase
que vi en un manual de astronomía:
“…y nunca pasó nada en el primer millón de años”.

No es tanto nuestro tiempo, pero es igual de eterno
y está su eternidad en la canción de las esferas
(parábolas, elipses, espirales)
que ofreces cada noche
al desvestirte.

Y yo en el centro de ese planetario
contemplo tus satélites de Júpiter,
tus anillos de Saturno
tus lunares de Venus
y al tímido Plutón, tu no planeta.

Y cada vez que pones en mis ojos otra luna
me imagino más y más distante
trocado en apacible
enana
blanca.

Eduardo Moga nacido en Barcelona en 1962, poeta, traductor y crítico literario, es licenciado en Derecho y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona.

Autor de varios libros de poemas, entre los que destacan: en 1994 “Ángel mortal”, en 1996 “La luz olvidada”, en 1998 “El barro en la mirada”, en el año 1999 publica dos libros de poemas “El corazón, la nada” y “Unánime en el fuego”, este último se reeditará en 2007. En 2002 publica “La montaña hendida” y en 2003 “Las horas y los labios”.

En el año 2006, en colaboración con José Noriega, escribe “Soliloquio para dos”; en 2007 “Los Haikus del tren” y “Cuerpo sin mí”; en 2008 “Seis sextinas soeces”; en 2011 “El desierto verde”, que será reeditado en 2012, año en el que publica “Bajo la piel, los días”, y por último “Insumisión”, en el año 2013.

Es autor de ensayos que están recogidos en “De asuntos literarios” (2004), y “Lecturas nómadas” (2007). Ha firmado dos antologías, “Jóvenes poetas españoles” y “Poesía satírica universal”.

Ha traducido al español a autores como Frank O'Hara, Yoel Hoffmann, Évariste Parny, Carl Sandburg, Charles Bukowski, Richard Aldington, Billy Collins, Tess Gallagher, Ramon Llull, Arthur Rimbaud y William Faulkner.

Es crítico literario en revistas como Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Turia, El Cuaderno y Nayagua, entre otros medios.

Durante dos años fue lector de la Agencia Literaria de Carmen Bacells. Ha codirigido, durante 8 años, la colección de poesía de DVD ediciones. Entre los galardones recibidos destacan Premio La Mesa de Mármol, para autores de menos de 20 años, convocado por el Instituto Nacional de Investigaciones Científicas y Ecológicas de Salamanca, por su Poemario “Razón de ser”.

Ha recibido numerosos galardones entre ellos el Premio Adonáis de Poesía en el año 1995 por “La luz oída” y el Premio Fundación Corda de Nueva York por el artículo “El poeta total”.

Es funcionario de la Generalidad de Cataluña y ha sido Subdirector General de Gestión económica, contratación y patrimonio del Departamento de Economía y Finanzas. En la actualidad ocupa el cargo de auditor de legalidad de las empresas y entidades del sector público.

Eduardo Moga cimenta su poesía sobre la profundidad y belleza que surge de los detalles cotidianos, la mirada introspectiva a partir de las cosas que nos rodean, el erotismo, la muerte. Su fuerza consiste en la elaboración de toda una simbología basada en las cosas que, en principio, carecen de importancia, dotándolas de un significado gracias a una elaboración innovadora y exigente.

Poema Cinco haikús, de Los haikús del tren

El sol poniente
orina óxido y oro.
Un estornino. Asperja rojos
el cielo acuchillado.
La luz se agrieta. Bajo los álamos,
las sombras amamantan
grumos de nieve. La tarde se hace
metacrilato y sueño
en el vagón. Alguien bosteza
ruidosamente. Fuera,
una amapola.

Poema I de Diez sonetos
A Juan Luis Calbarro

Regresas como un pájaro de sueño,
como un fruto caído del tiempo. Hablas
desde el fin de las cosas, despoblada
de labios, grávida de labios, sexoen el caz del teléfono, deshielo
de besos que habitaron mi garganta.
¿Por qué no permaneces en el ámbar
del silencio? ¿Por qué no sigues siendo fuego ausente, clamor de nada, oro
muerto, oquedad donde brotó mi nombre?
De alas y oscuridad es tu retorno, de sombras que respiran. Y yo, insomne
aún de ti, abrasado, oigo tus ojos,
tus cenizas pidiendo que te toque.

Poema X IV de El corazón, la nada

Te esperaba en el alambre del día, comiendo latidos, sofocando el grito de los huesos. A veces, sin embargo, cuando las poleas levantaban relámpagos y la noche sabía a almacén, callaba. Recordaba entonces las cosas pequeñas: la luna húmeda que encendía nuestros pasos junto al muelle o las palmeras amarillas de Tozeur o aquel lento cometa, sobre los montes caudalosos, a cuyo paso imaginamos la vejez. Te esperaba, deshabitado, acariciando el tiempo.

Ahora que se ha endurecido tu imagen, no sé dónde guardas el pan, dónde los quicios, las rodillas familiares, los ídolos de tu olor; he olvidado cuándo regresarán tus manos. Aquí, mientras tanto, ascensores, transeúntes, horas que escupen lágrimas.

Te esperaba. Hablábamos de cosas sencillas. E ingería la ropa, los pezones, tu mínima tos. Después salíamos a cenar como si nos hubiera amenazado un ángel.

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